Esta foto es muy simbólica, porque fue la primera foto de Faster sonriendo, después de varios meses de recuperación, posteriores a su rescate.
Lo conocí afuera de una tienda, en los huesos. Su carita era lo único fuerte. Tenía muchísimas marcas de maltrato en su cuerpo, cicatrices de rasguños, mordidas, quizá fue utilizado en peleas. Encontré a un perro derrotado y cansado, que me imagino lo único que quería era descansar en paz.
Siempre fue lindo con los cachorros, pero por su triste pasado o lo que pensamos que fue, se ponía muy nervioso con otros perros, así que vivía en su patio, cuarto y áreas independientes. Al principio sí estuvo con toda la familia y jugaba también, pero se ponía muy nervioso al jugar con la pelota o a ver a varios juntos y por eso, por seguridad de todos, preferí que estuviera aparte.
Pero no duró mucho tiempo solito, una pequeña cachorra como de 6 meses entonces fue rescatada de un ataque y estaba muy lastimada. Así que después de ser atendida en la veterinaria y llevarla a casa, el mejor lugar fue con Faster. Ella, le dio a él la ternura, el cariño, la alegría y las travesuras que necesitaba para estar contento. Y él le dio a ella la protección, la seguridad que requería.
Creció a su lado y estuvieron juntos como 7 años, hasta que él partió. Siempre lo besaba, lo abrazaba, lo cuidaba mucho y él se dejaba hacer todo lo que la pequeña quería, a excepción de prestarle su sillón. Ese era su trono y le encantaba dormir en él.
Fue un perrazo. Me enseñó el amor y respeto por los pitbull, una raza muy incomprendida pero que requiere tutores que sepan entenderlos, cuidarlos, protegerlos, acompañarlos.
Suelo presumir que donó sangre tiempo atrás y salvó la vida de un cachorrito. Siempre fue muy sano hasta que una cuestión cardiaca, sorpresiva anunció el momento de partir.
Siempre cuidó de mí y sé que desde el cielo de los perros lo sigues haciendo. Te amo Fastercito.